Una luz blanquecina, azulina, perfora la oscuridad de mi rincón de humo flotante y fa y la y re.
Me aferro a mi sombra proyectada en la pared. La abrazo tan fuerte, tan fuerte, pobrecita, ahí, sola.
Desvanecerse debe ser convertirse en una partitura de Satie.
jueves 25 de junio de 2009
viernes 19 de junio de 2009
"(...) Una vez había un pobre niño que no tenía padre ni madre. Todo el mundo había muerto y no quedaba nadie en este mundo. Todo el mundo había muerto y él caminaba y lloraba día y noche. Y como en la tierra no quedaba nadie, quiso ir al cielo, y la luna le miraba muy gentil, y cuando por fin llegó a la luna, era un trozo de madera podrida, y luego fue hacia el sol, y cuando llegó al sol, era un girasol mustio, y cuando luego fue a las estrellas, eran unos mosquitos dorados ahí clavados, igual como los clava el pájaro en los espinos, y cuando quiso volver a la tierra, la tierra era un cuenco del revés y él estaba muy solo, y entonces se sentó a llorar y aún está ahí sentado, solo. (...)"
Georg Büchner - Woyzeck - 1837
viernes 22 de mayo de 2009
pequeñas
heridas
en los dedos
lejos
afuera
afuera
hablaron
he invocado
he implorado
todo suena en mí
he invocado
he implorado
todo suena en mí
como cascabeles en estepas heladas
frente a mí
no más que nieve desconocida que sueño
hablan
frente a mí
no más que nieve desconocida que sueño
hablan
no a mí
ya nadie habla aquí
ni siquiera yo
es sólo eco, pequeña
ni siquiera yo
es sólo eco, pequeña
sibir... sibir...
no encuentro
viernes 1 de mayo de 2009
lunes 27 de abril de 2009
Welcome ...sha. No te extrañaba pero aquí estás, te recibo, verás, soy cordial. ¿Cuántos días piensas permanecer? No tengo demasiado tiempo, lo necesito para cumplir con mis obligaciones. ¿Algo de tomar? ¿Té de jazmín, manzanilla, una copita de amarula? ¿Qué prefieres? Oh, que no te sorprenda mi hospitalidad. Mi casa es tu casa. Espero te sientas a gusto. Te cedo mi cama, las sábanas están limpias. Estoy a tu disposición para lo que necesites. Nada más te pido me permitas hacer mis tareas con normalidad.
Ahh... lo olvidaba, usa la puerta por favor. No sea que esta visita llegue a la ventana de San Francisco.
Ahh... lo olvidaba, usa la puerta por favor. No sea que esta visita llegue a la ventana de San Francisco.
miércoles 8 de abril de 2009
Sí, Cecilia, en cambio, no podía continuar*. Comprendo. Sin embargo pienso que si hubiese durado tendría más mandrágoras al pie de aquel patíbulo. Ya ni una hechura. No más el temblar sobre las palabras buscando el pulso del agua, lo blanco. No continuó. No hubiese podido continuar. Sebastián lo sabía; sabía cómo terminarían algunas cosas, lo sabía desde hacía tanto, es decir, desde el principio.
Empecinarse o entregarse, no hay mucha diferencia. ¿Hasta dónde se continúa?
Es sólo que no puedo enfrentar la noche.
* E. Gudiño Kieffer
martes 3 de marzo de 2009
Vegeto, me arrastro por las calles sin escribir y, sin embargo, escribo.
Muda, gimo a las cuatro de la tarde sobre un banco del bulevar Voltaire.*
Muda, gimo a las cuatro de la tarde sobre un banco del bulevar Voltaire.*
Primero atrapada. Seducida. Embrujada por su lenguaje. Luego dejo de intentar comprenderla. Sin embargo río en ese grotesco pasaje de las putas y la celda.
Tan pronto me asfixia. Es la piedra que me empuja al fondo, la que me tira dentro de la noche espesa.
A veces me irrita hablando de Simone; quizás porque conozco esa idolatría. No era para menos.
Algunos respiros, algunas esferas en las que acomodarse tan uterina.
Después regresa. Me sacude. Es cruel tantas veces; no entiendo su insistencia en la fealdad (o si y no puedo reconocerlo).
Tal vez no volvería a leerla. Pero eso no cambia nada, sigue susurrando con voz rasposa, Atravesaremos la pequeña estación desierta. Siempre hay dos paquetes para reexpedir en la balanza. Entregaré mi boleto, la estación se apiadará. Hundiré dos dedos en la garganta, él no verá lo que no quiere ver: mis frases para él. ¿Mis frases? Reverberaciones del sol sobre la nieve; reflejos; el vidrio azul del cielo. ¿Mi confesión? Será precisa. Como el borde de una hoja de hiedra. Todo eso, materia en mis intestinos. ¿Me asesinaré con qué? Con mis nidos para ti. Me destruiré suprimiendo lo que te está desinado. ¿Cómo no odiarte al día siguiente en el corredor, ladrón que me lo has dejado todo? Saldremos de la estación, me tambalearé. Atención. Él quedaría aterrado si yo cayera. Disimulada invitación al suicido al salir de la estación de Flurares, el paisaje dibujado con lápiz gris es huidizo. Para qué matarnos, nos deslizamos. Me observaré, es un señor a quien no hay que molestar. El lugar será lento y siniestro, no veré el sol en ninguna parte. Iremos por el camino de Flurares. Yo, con mi malestar. Él, con su silencio. Yo diré: un segundo, por favor, tengo una piedrita en el zapato. Me detendré, me demoraré, imaginaré el olor del tweed sobre su codo. ¿Y mi frente, y mis sienes durante esa demora? (...)*
Te saludo con nubes, Violette, de esas que querías interpretar.
*Las frases en cursiva pertenecen a
Violette Leduc - La locura ante todo - 1970
Violette Leduc - La locura ante todo - 1970
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